La participación política en países como Guatemala se caracterizan por ser marginales y excluyentes, sobre todo si se habla de contribuir a transformaciones estructurales y de Estado.
Los movimientos sociales se caracterizan por ser diversos en su naturaleza política o sectorial; heterogéneos en sus metodologías y formas de acción; y con una amplia gama de intereses que no necesariamente están orientados a un fin común.
Los partidos políticos, por su misma condición institucionalizada, son entidades verticales, poco democráticas y altamente excluyentes. Responden en su gran mayoría, a intereses sectoriales o de grupos de poder.
Los procesos de construcción de alianzas o de movimientos amplios, están determinados por tener objetivos comunes bien identificados y sobre todo, de consenso, situación que generalmente no es fácil construir. Buscar una articulación política entre expresiones sociales y Partidos Políticos, no son procesos comunes, de profundas contradicciones por diferencias en su naturaleza, y de frágil vulnerabilidad al presentarse propósitos en donde se tienen que decidir cuotas o representaciones de poder.
Guatemala, por ser un país que ha vivido un conflicto armado interno de 36 años; que ha vivido un período de post-guerra que lleva 13 años; ser un país con profundas y crecientes desigualdades sociales y económicas; por tener una sociedad caracterizada por ser pluricultural y multilingüe; y en dónde la cultura del terror y temor siguen siendo una práctica cotidiana; la búsqueda de consensos entre sociedad-Estado; entre movimientos sociales y Partidos; son realidades complejas y generalmente difíciles de concretar.
Existen experiencias políticas en dónde nos hemos aglutinado diversas expresiones sociales y sectoriales para defender intereses políticos comunes. Expresiones que en algunos casos han perdurado en el tiempo, pero en otros, han estado condiciones por elementos externos como la cooperación internacional, o puntos de articulación coyuntural que no permite su sostenibilidad en el tiempo. En estos campos hay diversidad de experiencias que se pueden compartir: sociales, culturales, de desarrollo, políticas, ambientales, circunstanciales (crisis), entre otros.
En coyunturas políticas diversas, se ha buscado coincidir en plataformas o movimientos amplios, en donde se pudieran hacer coincidir objetivos de corto, mediano y largo plazo en un ámbito de articulación para la participación en la toma del poder político. Experiencia clara de esta naturaleza, fue la vivida en 2006-2007 alrededor de un movimiento amplio de izquierdas, que le denominamos MAIZ (Movimiento Amplio de Izquierdas). Proceso que surge como iniciativa de varias expresiones sociales y algunos partidos políticos. El propósito, contribuir de manera colectiva y amplia a construir un frente de lucha desde una perspectiva de izquierda, que trascendiera aspectos eminentemente coyunturalistas (elecciones), sino que se fortaleciera como un instrumento de cambio de articulación política de largo plazo.
MAIZ sin duda, se transformo en un novedoso e interesante medio de articulación política, pero lamentablemente, por existir diversos intereses, propósitos y una historia de contradicciones, prácticas verticales y poca tolerancia política, se transformo en una experiencia más, que dejo más resentimientos sobre su práctica, que aspectos constructivos para continuar fortaleciéndose como un medio legitimo de participación y lucha política y social.
Algunas lecciones aprendidas de este proceso:
- La necesidad de buscar articular esfuerzos políticos, llevo a plantearse el instrumento de MAIZ, como una necesidad y un proyecto viable y posible.
- La falta de espacios políticos con claridad de objetivos y planteamientos, propicio para que alrededor de MAIZ se aglutinaran diversas expresiones: Movimientos y organizaciones sociales, instancias académicas, liderazgo social e indígena, y partidos políticos.
- El proceso de constitución de MAIZ fue lento y de amplios y diversos debates. Fundamentalmente el elemento aglutinador de las discusiones era aprender del pasado, de las prácticas de participación política, que alrededor del movimiento revolucionario se impulso en Guatemala y que dejo diversas herencias, no necesariamente positivas, y que nuevamente en un instrumento como MAIZ resurgían como algo inevitable y necesario.
- Un punto central en la constitución de un instrumento de aglutinación política sin duda es lo estratégico y el planteamiento político e ideológico. Este punto fue relativamente menos complejo y difícil de construir. La globalidad de las expresiones interesadas en la iniciativa se identifican con una práctica de izquierda y progresista. Se coincidió en la necesidad de plantear objetivos de transformación social y estructural, y sobre todo, de dar al discurso de las propuestas, algo diferente a los tradiciones discursos electorales y partidistas que se acostumbran en procesos de esta naturaleza.
- En términos estratégicos, la determinación de plantear a MAIZ como un instrumento político con perspectiva de largo plazo, no necesariamente electoral, fue sin duda el punto central del debate. La experiencia nos ha enseñado a trascender etapas coyunturales, sobre todo, si procesos electorales están inmersos en estas dinámicas. Sin obviar la parte política electoral, por la existencia misma de partidos de izquierda dentro de MAIZ, se determina participar en las elecciones de 2007, pero acompañando de manera indirecta a URNG (partido político), quien era parte activa de este proceso. MAIZ como instrumento de articulación política, no se transformaría en Partido, sino su propuesta trascendería a algo más grande y de largo plazo.
- Después de intensas jornadas de debate para que la coyuntura electoral no absorbiera las prioridades políticas de este Movimiento, se determinan diversas comisiones de trabajo, las cuáles inician un proceso serio de reflexión y elaboración de propuestas. En un período de 3 a 5 meses, MAIZ tenia construida su base política y de propuestas. Una vez consolidado este primer momento, MAIZ sale a luz publica en un evento en donde se aglutinan diversos y amplios sectores sociales, quienes se adhieren a la propuesta y se comprometen a trabajar en este nuevo intento de participación política.
- La motivación y el interés de participar en MAIZ dura poco tiempo. Las elecciones generales estaban en su período de efervescencia política. Se inicia la etapa de definición de criterios políticos para la elección de candidatos (presidencial, diputaciones y alcaldías). Este fue el momento en el cuál se decidiría si MAIZ era un instrumento sólido y con perspectivas de largo plazo, o si la coyuntura y la tendencia electoral absorbería la iniciativa. Se sobrepuso lo electoral. Los procedimientos de elección de candidatos/as no fue de agrado de todos los sectores. Hubieron criticas al proceso de elección y descalificaciones políticas entre expresiones organizadas y participantes, que llevo a poner nuevamente en perspectiva, la credibilidad y viabilidad de MAIZ.
- Al final de esta etapa, y como una muestra de facilitar la participación política en las elecciones, se entra en una fase de tolerancia forzada, que permitiera que el proceso de participación de URNG (como partido que llevaría la representación de MAIZ) en el proceso fuera lo menos conflictivo posible. El nivel de motivación y participación de todos los sectores no fue el esperado (cuestión lógica). El resultado electoral fue de muy bajo perfil para la izquierda y para URNG como partido. Se suma a esto, que en la contienda electoral participaron otras expresiones de izquierda que a un inicio estaban cercanas a la propuesta de MAIZ pero que se fueron retirando durante el proceso de reflexión y determinación de los criterios y del contenido político de la propuesta.
- El elemento que termino de influir en la debilidad de la propuesta de MAIZ fue al finalizar la contienda electoral, hay una determinación que surge desde URNG por legalizar a MAIZ para evitar que sus siglas fueran mal utilizadas. De esta forma, MAIZ entra a ser parte de la personería jurídica de URNG (UNG-MAIZ), lo cuál rompía el acuerdo que MAIZ no se constituiría en Partido Político y por el momento, no tendría legalidad, para garantizar fortalecer su propuesta a nivel estructural y de mayor participación. Esta determinación no consensuada termino de sentenciar el fracaso de MAIZ, en término de sus propuesta inicial. MAIZ continuo teniendo reuniones de trabajo una vez concluido el proceso electoral, solo con la participación de algunos sectores, pero la lógica política post-electoral termino con la dinámica de análisis y debate que se impulsaba desde esta iniciativa.
- En la práctica, MAIZ deja de existir como instrumento de articulación política.
- Una lección aprendida de este proceso fue sin duda, que hace falta una reflexión más profunda entre el “PARA QUE” y el “COMO” generar procesos de articulación política entre Partidos y expresiones sociales, cuando estas tienen naturalezas y contenidos diferenciados en su práctica política.
- Otro elemento de importancia para el análisis es la necesidad de construir confianza política y sobre todo, claridad en los postulados y metodologías de acción. Sin duda, este elemento garantizaría claridad y consistencia en términos de las estrategias a utilizar, con perspectiva de corto, mediano y largo plazo.
- En este debate es necesario hacer valer, que se deben garantizar y prevalecer la naturaleza política de las organizaciones. Los movimientos sociales no pueden perder su autonomía política, ni sus postulados sectoriales, gremiales o reivindicativos. En la misma lógica, los partidos políticos deben considerarse como un medio y no como un fin en si mismos. La capacidad de entender y aplicar en una lógica esta diversidad, sin duda será la garantía de poder impulsar procesos de articulación política.
En la actualidad, en Guatemala se viven nuevamente diversos procesos de participación desde lo social y lo político, que de manera coincidente, en su mayoría se plantean la necesidad de motivar un gran frente de lucha frente al modelo y frente a los grandes problemas estructurales y contra el sistema político en el país. Nuevamente, los primeros síntomas son de desconfianza, de vivir de la práctica pasada y sobre todo, de pensar cómo hacer para que tanta diversidad política (que es positiva), pueda concluir en una fuerza única que tenga más capacidad de acción frente a los objetivos que se plantean. La experiencia de MAIZ vuelve a surgir como una etapa en la cuál nos debe servir de experiencia para no volver a cometer los mismos errores y fortalecer nuevas iniciativas.
Es necesario generar y promover una cultura política en nuestras sociedades. Cultura que sea capaz de hacer ver las capacidades existentes que tienen nuestras sociedades para hacer frente a problemas estructurales o de modelo que asfixian y limitan las transformaciones de nuestros países.
Hace falta un diálogo inter-generacional: necesidad de dar más espacio de participación a jóvenes y mujeres. De entender que los procesos son dinámicos, dialécticos, y que requieren actualizarse y adaptarse a los nuevos escenarios mundiales y nacionales.
Es necesario trabajar por fortalecer la organización social, comunitaria. De generar procesos en donde los cambios van a surgir desde abajo, desde las mismas comunidades o grupos; y a partir de aquí, generar las transformaciones.
Es necesario construir medios de comunicación alternativos, que generen conciencia política crítica de las realidades, no mentalidades enajenadas o pasivas, como es lo que se transmite en el 95% de los medios a nivel mundial.
Es importante globalizar la solidaridad entre pueblos, culturas, organizaciones, y ver los problemas con una perspectiva más regional o internacional. Es importante transmitir y compartir experiencias.
